El torio es un elemento químico radiactivo de símbolo Th y número atómico 90, llamado así por Thor, el dios nórdico del trueno. Es un metal actínido plateado que a veces se vuelve negro al exponerse al aire y que forma dióxido de torio al calentarse.
El torio tiene cuatro electrones externos ([Rn] 6d² 7s²) y actúa casi siempre como +4, con electronegatividad baja (1,30). Es un actínido fértil, denso y refractario: funde a 1.750 °C y forma óxidos extremadamente estables. Menos radiactivo que el uranio, pero tóxico e inhalable como polvo. Su dióxido es la cerámica con mayor punto de fusión conocida.
Th + O₂ → ThO₂
En aire se cubre de óxido protector; calentado, arde hasta dióxido blanco, que funde a 3.390 °C y sirve como crisol para fundir otros metales.
Th + 2 H₂O → ThO₂ + 2 H₂
El agua apenas lo ataca en frío por su capa de óxido, pero en caliente y con vapor reacciona liberando hidrógeno.
Th + 4 HCl → ThCl₄ + 2 H₂
Se disuelve lentamente en ácidos concentrados dando sales de torio(IV). El cloruro es la vía para purificarlo por cristalización.
Th + 2 F₂ → ThF₄
Con flúor da tetrafluoruro, sal fundida clave en reactores de sales fundidas con torio y en la producción del metal por reducción.
| Compuesto | Fórmula | Uso o importancia |
|---|---|---|
| Dióxido de torio | ThO₂ | Crisoles, óptica y combustible fértil |
| Tetrafluoruro de torio | ThF₄ | Sales fundidas y obtención del metal |
| Nitrato de torio | Th(NO₃)₄ | Purificación y mantas incandescentes |
| Carburo de torio | ThC₂ | Combustibles nucleares avanzados |
| Electrodo WT20 | W-ThO₂ | Soldadura TIG de precisión |
Todo el torio natural es torio-232 (²³²Th), con 142 neutrones y 14.000 millones de años de periodo: es fértil y abunda tres veces más que el uranio. Al capturar un neutrón genera uranio-233 fisible. El torio-230 (²³⁰Th, 75.000 años) data sedimentos junto al protactinio-231.
Es relativamente abundante, con unas 10 ppm, en monacita (hasta 12 % de ThO₂), torita y torianita. Los yacimientos principales están en India, Brasil, Australia y EE. UU. Se obtiene como subproducto de tierras raras por disolución ácida y extracción con disolventes, y el metal por reducción con calcio.
Jöns Jacob Berzelius lo aisló en 1829 de la torita noruega y lo llamó torio, por Thor, el dios nórdico del trueno: un bautismo guerrero para un metal pesado. Marie Curie y Schmidt descubrieron su radiactividad. Las mantas Auer lo llevaron a cada farola hasta que la radioprotección las jubiló.
Como Th-232 fértil alimenta ciclos avanzados que generan U-233 en reactores de sales fundidas y de alta temperatura. Como metal alea magnesio aeroespacial y electrodos de wolframio que encienden el arco TIG.
El dióxido forma crisoles que funden platino, lentes de alto índice y mantas incandescentes históricas. El fluoruro disuelto en sales LiF-BeF₂ es el combustible líquido de los MSR de torio.
No tiene función biológica y es tóxico y radiactivo: el polvo inhalado irradia el pulmón durante años y sus hijos emiten radón-220. El Thorotrast histórico, contraste de rayos X, causó cánceres hepáticos.
Se manipula con control de polvo, ventilación y monitores alfa en minería y soldadura. Los electrodos toriados exigen afilar con extracción; los residuos se gestionan como NORM con blindaje ligero.
La minería de monacita moviliza torio y uranio que deben confinarse en balsas. A cambio, un ciclo de torio bien gestionado genera menos actínidos menores. India lo considera su reserva estratégica energética.
Sí, pero no de forma directa en la mayoría de reactores actuales. El torio-232 es un material fértil: al absorber un neutrón se transforma en uranio-233, un isótopo fisible capaz de mantener una reacción en cadena. Por ello, el torio puede emplearse en ciclos de combustible alternativos, aunque requieren reactores y procesos de reprocesamiento específicos. Su desarrollo sigue siendo experimental o limitado frente a la tecnología convencional de uranio.
El torio se ha empleado como agente de aleación en magnesio para mejorar la resistencia a altas temperaturas, en electrodos de soldadura TIG y en catalizadores industriales. También se usó en mantas incandescentes, óptica e instrumentación científica, aunque muchos de estos usos han disminuido por motivos radiológicos y regulatorios. Actualmente, su interés principal se centra en la investigación de combustibles nucleares avanzados.
El torio se obtiene principalmente del mineral monacita, donde aparece en forma de óxido de torio junto a tierras raras. También puede encontrarse en torita y otros minerales. Tras la extracción, se purifica mediante procesos químicos para obtener torio metálico, dióxido de torio o compuestos para investigación. Es aproximadamente tres veces más abundante que el uranio en la corteza terrestre, aunque su aprovechamiento energético sigue siendo limitado.
El uranio-235 puede mantener una reacción en cadena de forma directa, mientras que el torio-232 necesita convertirse primero en uranio-233 para ser fisible. El torio es más abundante y puede ofrecer ventajas en algunos ciclos nucleares, pero exige tecnologías de reactor y reprocesamiento menos maduras. El uranio domina actualmente la energía nuclear comercial porque su cadena de suministro, reactores y normativa están mucho más desarrollados.
El torio tiene ventajas potenciales, como una mayor abundancia, mejores propiedades térmicas y una posible reducción de ciertos residuos de larga vida. Sin embargo, no es “seguro” en sentido absoluto: es radiactivo, tóxico y su ciclo puede generar isótopos peligrosos, incluido el uranio-233. La seguridad depende del diseño del reactor, la gestión del combustible, el reprocesamiento y el control de residuos, no únicamente del elemento empleado.
El torio es radiactivo y tóxico, aunque su radiactividad es menor que la de muchos otros actínidos. El riesgo principal procede de la inhalación o ingestión de polvo, así como de la exposición prolongada a materiales radiactivos. No tiene una función biológica conocida. En la vida cotidiana, la exposición significativa es poco habitual, pero la manipulación industrial, minera o de residuos exige controles estrictos de radioprotección.
Los reactores de sales fundidas son uno de los conceptos más estudiados para aprovechar el torio, porque permiten disolver el combustible en una sal fundida y operar a temperaturas elevadas con presión baja. En estos diseños, el torio-232 puede convertirse en uranio-233 y contribuir a la fisión. Sus posibles ventajas incluyen una mayor seguridad pasiva y una gestión alternativa de residuos, aunque la tecnología todavía debe superar retos materiales, regulatorios y económicos.
Principales fuentes consultadas: PubChem, Royal Society of Chemistry, NIST, IUPAC. Última revisión: noviembre de 2026.