El cloro es un elemento químico de símbolo Cl y número atómico 17. El segundo halógeno más ligero, después del flúor, el cloro existe como un gas diatómico de color amarillo verdoso en condiciones normales. Gracias a su gran reactividad, todo el cloro de la corteza terrestre se encuentra en compuestos iónicos de cloruro, incluida la sal común.
El cloro tiene siete electrones de valencia ([Ne] 3s² 3p⁵) y es el segundo halógeno: oxidante potentísimo que busca el electrón que le falta hasta el −1, casi siempre en enlaces iónicos o polares (cloruros). Pero su tamaño mayor que el flúor le permite ceder electrones a oxígeno y flúor, mostrando estados positivos +1, +3, +5 y +7 en oxoaniones y óxidos. Esa dualidad —reductor de metales, oxidado por no metales— lo hace el halógeno más versátil y el desinfectante universal.
H₂ + Cl₂ → 2 HCl
Con hidrógeno reacciona con explosión a la luz (reacción en cadena radicalaria) dando cloruro de hidrógeno. Es la síntesis directa del ácido clorhídrico industrial.
2 Fe + 3 Cl₂ → 2 FeCl₃
Los metales arden en cloro dando cloruros en su estado alto: el hierro pasa a +3. La reacción libera tanto calor que el acero puede inflamarse en atmósfera de cloro.
Cl₂ + H₂O ⇌ HCl + HClO
En agua se desproporciona a clorhídrico e hipocloroso: este último es el que desinfecta piscinas y lejías. Es la reacción que potabiliza medio planeta.
Cl₂ + 2 NaOH → NaCl + NaClO + H₂O
Con sosa en frío da cloruro e hipoclorito: la lejía doméstica. En caliente forma clorato, base de cerillas y herbicidas. Toda la química del blanqueo nace aquí.
| Compuesto | Fórmula | Uso o importancia |
|---|---|---|
| Cloruro de sodio (sal común) | NaCl | Alimentación, deshielo y materia prima química |
| Ácido clorhídrico | HCl | Jugos gástricos, limpieza y síntesis |
| Hipoclorito sódico (lejía) | NaClO | Desinfección y blanqueo universal |
| Cloruro de vinilo (PVC) | C₂H₃Cl | Tuberías, ventanas y cables |
| Clorato potásico | KClO₃ | Cerillas, pirotecnia y oxígeno químico |
El cloro natural mezcla dos isótopos estables: cloro-35 (³⁵Cl, ~76 %) y cloro-37 (~24 %), ambos con diecisiete protones. Esa mezcla explica su masa atómica fraccionaria (35,45). El cloro-36 cosmogénico, con 300.000 años de periodo, data aguas subterráneas milenarias.
Es el vigésimo elemento de la corteza pero el más abundante disuelto en el mar (19.000 ppm como Cl⁻). Aparece en la halita, la silvina y la carnalita. Se obtiene por electrólisis de salmuera (proceso cloro-álcali), que produce a la vez sosa y hidrógeno: el cloro es el coproducto que desinfecta el mundo.
Scheele lo obtuvo en 1774 del ácido muriático y lo tomó por un óxido; Davy demostró en 1810 que era un elemento y lo bautizó chlorine por su color verde-amarillo. Su lejía blanqueó la revolución textil, su gas asfixió en Ypres (1915) y su agua clorada salvó más vidas que ningún fármaco.
El Cl₂ gaseoso potabiliza el agua de miles de millones y desinfecta piscinas; blanquea papel y textiles. Su transporte como gas licuado exige los protocolos más estrictos de la industria química.
La sal sala la comida y deshiela carreteras; el HCl digiere en tu estómago y limpia metales; la lejía desinfecta hogares y hospitales; el PVC entuba medio planeta. El cloro está en la cocina, el baño y las tuberías.
El ion cloruro es esencial: regula la hidratación, forma el HCl del estómago y transmite impulsos nerviosos (GABA). Su falta causa alcalosis; el exceso de sal sube la tensión. Sin cloruro no hay digestión ni neuronas en calma.
El Cl₂ gaseoso fue la primera arma química moderna: irrita ojos y pulmones y a 1.000 ppm mata en minutos. Mezclar lejía con amoníaco o ácidos libera cloraminas o cloro mortal: es el accidente doméstico más grave. Nunca mezclar lejía.
Los CFC con cloro destruyeron la capa de ozono (vetados en Montreal 1987, en recuperación). Los organoclorados persistentes (DDT, dioxinas) se bioacumulan; el DDT se restringió en Estocolmo 2001. El cloruro de la sal, en cambio, es inocuo ambiental.
El mismo elemento, dosis opuestas: en Ypres (1915) se liberaron toneladas de Cl₂ que asfixiaron trincheras; en tu piscina hay 1–3 partes por millón que matan microbios sin dañarte. Como el flúor de la pasta: la dosis hace el veneno. Oler a piscina es oler seguridad: sin ese cloro residual, el agua propagaría cólera y tifus. El arma se volvió guardián.
No en las dosis de potabilización (0,2–0,5 mg por litro): un siglo de evidencia muestra que previene cólera, tifus y disentería sin daños, y los subproductos se controlan por norma. El cloro residual que huele garantiza que el agua llega viva de microbios hasta tu grifo. Dejar reposar el agua evapora el olor si molesta. El riesgo real es el agua sin clorar.
Sí: cada grano es NaCl, cloro atrapado como cloruro estable junto al sodio. El cloro gaseoso mortal y el sodio explosivo, combinados, dan el condimento vital: la química transforma venenos en alimento cotidiano. Tu sangre, tus lágrimas y el mar llevan ese mismo cloruro disuelto. Comer un poco de sal es la forma más pacífica y sabrosa de ingerir cloro cada día.
El tubo ya instalado, no: el PVC rígido es inerte y por eso entuba agua potable en medio mundo sin riesgo. El problema está en fabricarlo (monómero cancerígeno, bajo control estricto) y en quemarlo sin control (dioxinas), no en usarlo a diario. Reciclarlo es difícil por sus aditivos variados. Como casi todo con cloro: útil en su sitio, peligroso fuera de él.
Porque con ácidos libera cloro gaseoso y con amoníaco forma cloraminas tóxicas: ambos atacan ojos y pulmones y pueden matar en un baño sin ventilar. Es el accidente de limpieza más grave y también el más común. La lejía sola, diluida y bien aclarada, desinfecta de sobra: no necesita «refuerzos». Si mezclas por error, ventila y sal corriendo: tus pulmones no tienen repuesto.
Los CFC, gases con cloro de neveras y esprays: subían intactos a la estratosfera, donde el sol liberaba su cloro y cada átomo destruía miles de moléculas de ozono. El agujero antártico alarmó al mundo y el Protocolo de Montreal (1987) los vetó: es el mayor éxito ambiental, con la capa en recuperación hacia 2060. El clorostratoférico baja cada año.
Oxidando todo lo vivo microscópico: el ácido hipocloroso atraviesa las membranas de bacterias y virus y destruye sus proteínas y su ADN en segundos. No discrimina: por eso mata patógenos pero irrita los ojos en exceso. Lleva más de un siglo haciéndolo en aguas, hospitales y cocinas. Es el asesino más barato y eficaz de microbios jamás empleado por la humanidad.
Principales fuentes consultadas: PubChem, Royal Society of Chemistry, NIST, IUPAC. Última revisión: noviembre de 2026.